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La Capilla Sixtina: Historia y legado de la capilla más famosa del mundo - Paperback

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by Charles River (Author)

En 1503, El Papa Julio II, sucesor del notable Alejandro VI (Rodrigo Borgia), trajo al papado el aprecio. Una vez Miguel ngel hubo finalizado la avalancha de obras en las que hab a trabajado en los ltimos cuatros a os, fue comisionado por el Papa Julio II para que completara la tumba dedicada al pont fice. El proyecto era de grandes alcances, y la tumba estar a emplazada en el interior de la Bas lica de San Pedro, la cual ser a construida mientras Miguel ngel dise aba la tumba.
El enfoque de Miguel ngel fue tan ambicioso que dedic seis meses para tan solo seleccionar el m rmol a usar en la tumba. Para esta tarea, viaj a Carrara, una ciudad en la Toscana que hab a sido la fuente del m rmol empleado en sus trabajos anteriores. Miguel ngel se dedic en exclusiva a este proyecto hasta 1506, cuando hubo de retornar a Roma por falta de fondos. Debido a ello, se residenci de nuevo en Florencia a pesar de no tener ning n contrato en ese lugar. Un temperamental Papa Julio le orden que regresara a Roma, amenazando con lanzar una guerra contra Florencia si no lo hac a. A Miguel ngel no le qued otra opci n sino regresar a Roma en el curso de ese mismo a o, pero el proyecto estaba condenado al fracaso estando el Papa Julio al frente. Julio era desconfiado y con el tiempo se le meti en la cabeza que era de mala suerte hacerse construir su tumba en vida. A resultas de ello, el proyecto fue cancelado en 1508.
A pesar de interrumpir la construcci n de su propia tumba, el Papa Julio no albergaba ninguna animosidad hacia Miguel ngel y continu siendo un gran admirador de su obra. Despu s de ponerle punto final al proyecto de la tumba, comision a Miguel ngel para pintar el techo de la Capilla Sixtina, posiblemente a instancias de Donato Bramante y Rafael, ambos celosos de la fama alcanzada por Miguel ngel. Aunque a Miguel ngel por lo general le deleitaban los desaf os, Vasari sugiere que era reacio a trabajar en la Capilla Sixtina: "Miguel ngel trat por todos los medios de evitarlo, y recomend a Rafael, porque vio las dificultades de ese trabajo, era consciente de su falta de habilidad para colorear, y quer a finalizar la tumba".
Pintar el techo de la Capilla Sixtina era un proyecto de proporciones casi inconcebibles. Despu s de todo, la Capilla Sixtina estaba ubicada en la enorme Capilla Papal en el Vaticano, y su inmensidad impon a grandes retos, no solo lo relativo a la extensi n del techo sino tambi n debido a su altura. Estar en capacidad de alcanzar el techo era dif cil, y un andamio que se alzara desde el piso hasta el techo hubiera sido inestable. Para salvar esta dificultad, Miguel ngel dise un andamio construido a partir de orificios en la pared, cerca de las ventanas, lo que le permit a mayor acceso y flexibilidad.
Para la mayor a, Dios se ve como una figura anciana, pero majestuosa, con n veos rizos y elegante barba, con una mirada amable, espiritual, y profundas arrugas en una amplia frente que pregona sabidur a. Algunos podr an pintarlo con una corona de luz e incluso con un cetro de oro, con el dobladillo de su blanca t nica flotando mientras se posa en el borde de una nube. El que esta imagen sea la que se visualice en la mente al mencionar a la deidad cristiana, es algo que se debe exclusivamente a Miguel ngel. Su retrato de Dios en la famosa Creaci n de Ad n, en el techo de la Capilla Sixtina, fue la primera que captur a Dios Padre de esta forma. Antes de esta osada propuesta, Dios no era m s que una mano sin rostro que sobresal a de los cielos. La creaci n de Ad n es solo una de la multitud de brillantes tesoros del Renacimiento Italiano que descansan en el interior de la Capilla Sixtina. De la misma forma, Miguel ngel es solo uno de los nombres asociados con esta hist rica obra de arte.

Number of Pages: 104
Dimensions: 0.22 x 11 x 8.5 IN
Publication Date: August 25, 2017