by Areani Moros (Translator), Charles River (Author)
La Navidad es la fiesta m s importante del a o. Despu s de los d as correspondientes que exaltan el orgullo nacional de cada pa s, como el D a de la Independencia en Estados Unidos, el D a de la Victoria en Rusia o el D a de la Bastilla en Francia, en buena parte del mundo, incluidos muchos pa ses no cristianos, es el 25 de diciembre el que articula la vida, el trabajo y la econom a. Desde tiempos antiguos, el comienzo del invierno ha sido la ocasi n para que la mayor a de la gente coma, beba, baile y se re na para compartir juntos y tomar un descanso.
En especial a partir del siglo XX, los d as adyacentes al feriado se han convertido en una ocasi n para hacer grandes ventas. La temporada de invierno es el est mulo m s s lido para la econom a -m s que cualquier paquete fiscal- ya que los ingresos de las familias, los gastos, el cr dito y el consumo en todos los sectores productivos aumentan significativamente. Tan solo en los Estados Unidos, se estima que las ventas navide as generan tres trillones de d lares.
Una de las figuras m s importantes y constantemente evocadas en la temporada navide a es San Nicol s, a pesar de que la mayor a de la gente sabe poco sobre l. En el siglo XXI, San Nicol s (o como se le conoce a veces, el "viejo y alegre San Nicol s") ha sido reducido a la imagen de un abuelito adorablemente gordinfl n, una visual a menudo acompa ada de una flota de renos m gicos y un bullicioso taller atendido por duendecillos (tambi n llamados elfos) infinitamente alegres. La mayor a asume, comprensiblemente, que San Nicol s fue la fuente de inspiraci n de la que bebieron durante siglos los tejedores de los mitos de Santa Claus. Si bien esto es correcto hasta cierto punto, es importante recordar que los paralelos entre San Nicol s y el Santa Claus actual, comercializado por los medios de comunicaci n, son de hecho bastante limitados.Sin embargo, lo que quiz sea el componente m s curioso de estas reconstrucciones, es la nariz deforme de Nicol s, que muestra signos de lucha y fricci n, ahora completamente ausentes de la imagen prolija e impecable de Santa Claus. Adem s, si bien tanto Santa como el santo son considerados inimitablemente pacientes y de un buen nimo perpetuo, en t rminos reales, el anciano Nicol s probablemente habr a sido algo gru n y, al menos f sicamente, desdichadamente miserable. En los a os previos a su muerte, Nicol s sufri de artritis cr nica que afectaba su pelvis y su columna, un dolor f sico terrible que solo empeor con el tiempo. Tambi n lo atacaban dolores de cabeza y migra as insoportables, que surgieron a ra z del engrosamiento de los huesos de su cr neo.
Como todo esto indica, los detalles de la vida de Nicol s han sido alterados, luego borrados y reemplazados con verdades suavizadas y tradiciones completamente inventadas. Como resultado, esta figura celebrada internacionalmente se ha convertido en m s ficci n que realidad. Sin embargo, cuando los historiadores develan las capas de fantas a y vivacidad caricaturesca que envuelven su nombre, emerge la imagen de un personaje mucho m s complejo y fascinante, que hizo mucho m s que dar inicio a la tradici n intemporal de dar regalos. Nicol s no fue solo un obsequiador de temporada, sino un fil ntropo que dedic su vida a ayudar a los desfavorecidos. No fue solo un obispo amado, sino un fiero defensor de la fe, que permaneci imp vido ante la persecuci n. Calificarlo de individuo piadoso y temeroso de Dios ser a quedarse muy corto; para quienes lo rodeaban l era, de hecho, la definici n de una divinidad andante y un hacedor de milagros sin igual, enviado directamente del Cielo.
A pesar de los mejores esfuerzos de la Iglesia Cat lica y otros grupos conservadores, el Krampus est experimentando un renacimiento, penetrando no solo en la literatura moderna, sino incluso convirti ndose en parte integrante de la cultura popular. Esto lo evidencian los role
Number of Pages: 198
Dimensions: 0.42 x 11 x 8.5 IN
Publication Date: November 12, 2020